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Imagen - Incidencia de la deserción

Hegemonía del hombre Vs Mujeres empoderadas

En una mirada panorámica en la historia de la humanidad se puede apreciar como en las diferentes edades o épocas el hombre ejerció una hegemonía en las esferas políticas, académicas, artística, deportiva y sociales en diferentes culturas. Desde la prehistoria, el hombre era la punta de lanza -casi que literal- para el sustento de su familia o pequeña tribu; puesto que era él o los hombres que salían a la cazar para llevar el alimento al hogar, (esto se presentaba en la mayoría de los registros antropológicos que se tienen, pero también existen otros hallazgos donde visibiliza a la mujer al frente de esta labor). Claramente la caza no era la única labor importante, sí de suma importancia, pero no la única variable para la supervivencia, ya que las mujeres también cumplieron y ejercieron una gran incidencia en las labores agrícolas y de orfebrería. 

Avanzando un poco más, en las primeras civilizaciones como en la Sumeria, era muy fuerte la predominancia del hombre en las comunidades, donde el poder y la elección estaba totalmente regida por hombres. Las mujeres eran vistas como las cuidadoras, las gestoras de la vida -solo para procrear-, las que servían a sus maridos e hijos; ese era su importancia y papel dentro de esas sociedades. En un pequeño contraste, en Egipto las mujeres tenían cierto tipo de posibilidades, no a la paridad del hombre, pero con algún grado de libertad diferente en comparación con otras culturas o sociedades. 

En la época clásica griega, en una alta influencia por la filosofía, la mujer no hallaba cabida en la razón de los hombres, antes bien, era vista como un ser inferior, desprotegido y con muchas carencias a la cual el hombre debía de ayudar para poder ser dentro de la sociedad, y este pensamiento ligero, sometía a la mujer a su mayordomía. 

Para la Edad Media el planteamiento de la mujer dentro de la sociedad se posibilitó a través de la oportunidad de laborar en la agricultura, pero con una remuneración muy inferior a la de los hombres. A pesar de no ser recompensada acorde a su nivel de trabajo, la mujer propició un desarrollo y fortalecimiento del feudalismo para aquel momento. 

La Edad Moderna traería una influencia “más humanística”, donde el ser humano se desligaba del poder iglesia-estado, y el hombre pasaba a ocupar el centro del mundo de las ideas; sí, solo el hombre, porque la mujer dentro del Renacimiento siguió en el escalafón del poco reconocimiento y con funciones de hogar. Los espacios universitarios eran totalmente negados para ellas y las otras esferas como el arte y la escritura no lo podía manifestar en lo público puesto que solo los hombres eran los “artistas”.

Ya con la Contemporaneidad, diferentes grupos de mujeres empezaron a inquietarse por su participación dentro de la sociedad y ser un agente de cambio. El movimiento sufragista alemán, ciertamente enmarcó esa revolución por la equidad de género y su lucha por la participación en las elecciones populares de su nación.  Actualmente, ha habido grandes avances en esa uniformidad del poder entre los géneros, donde cada vez se ve mujer en cargos alto y de mucho poder, mujeres que se destacan en diferentes áreas como el arte, el deporte, la ciencia, los negocios y más. 

De tal modo, haciendo un recuento muy ligero y casi que escueto, se aprecia que el hombre sí hay tenido una hegemonía del poder egoísta y cuasi dictador frente a la mujer, ubicándola en un escalón inferior a él. La historia visibiliza este acontecer tan deplorable del ejercer del hombre, sin embargo, la mujer siempre ha buscado incidir en la historia desde las posibilidades limitantes que tenía, dejando su huella como mujer resiliente y empoderada.

 

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